Seguramente a estas alturas, ya todos lo han visto, pero creo que no está demás ponerlo, entre otras cosas porque es un momento importante para el libro, es decir, para la lectura y la escritura.
Gracias a las tecnologías de la red, las suscripciones junto con la velocidad y, por supuesto, la cantidad de información que recibimos, han ido en constante aumento. Una de las críticas a este proceso de “sobreabundancia” de información ha sido el volumen de ruido informativo que se genera y que, en última instancia según dicen, más que informar distrae (algo discutible). La solución más inmediata es igualmente la filtración en las suscripciones, es decir, de un medio tomamos solo una parte, volviéndonos editores y redactores de noticias para nosotros mismos. Entusiasmados, y sin prestar demasiada atención, nos encontramos con muchas suscripciones súper especializadas, configuradas por nosotros, que terminan volviéndose como un cuarto a prueba de ruido, en el que nos vamos quedando un poco sordos.
Ayer, en el país.com apareció una nota sobre un estudio que describe los hábitos de lectura en pantalla. Los usuarios leen en las páginas que tienen hasta 111 palabras solo la mitad. Un usuario normalmente “consume” hasta un 28% de la información escrita en un sitio web con 593 palabras y generalmente tarda más en entender cómo funciona que leyendo. Casi medio minuto es lo mínimo que tarda para “leer” una página web con esta extensión y en adelante tarda 4.4 segundos más por cada cien palabras. Así, el hábito más usual es escanear la página que leerla. Dicho de otro modo, es más “natural” que los lectores de páginas web filtren visualmente la información a que se dediquen a leerla.
Un dato importante es que el ochenta por ciento de las páginas que se visitan al día ya se vieron antes, son revisitas. Es decir, puede ser que busquemos cosas nuevas en lugares conocidos. Lo cierto es que estamos “suscritos” a estas páginas y volvemos a ellas. Es posible que cada día que pasa seamos lectores más expertos y más participativos.Curiosamente la acción más frecuente que realiza un usuario en una página web es seguir hipervínculos, en segundo lugar está la de llenar formularios y enviarlos y, en tercer lugar, el botón de retroceder (back).
Navegar siguiendo vínculos sigue siendo lo más frecuente, la pregunta es ¿para seguir leyendo? ¿Tendremos un deseo incontrolable de información? ¿Bulimia informativa? ¿Somos lectores especializados, sabemos dónde están las cosas y no hay tiempo que perder?
El promedio de lectura al año del mexicano es de 2.9 libros, según la Encuesta Anual de Cultura 2006; 2.8 según un estudio de las Naciones Unidas. Dos según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), 1.5 según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 1.2 según cifras de 2005 de la UNESCO, algunos dicen que un libro o medio al año, y otros que 25 páginas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomienda cuatro títulos anuales y un nivel óptimo de 24.
Varios millones de mexicanos tienen contacto con la lectura sólo durante 10 minutos en la misa dominical; 57 por ciento son analfabetos funcionales: saben leer y escribir pero lo hacen mal o no lo hacen. Sólo existen 15 millones de lectores. Sólo 2 por ciento tiene el hábito de la lectura, según una encuesta de la Procuraduría Federal del Consumidor.
El volumen de la información científico-técnica se duplica cada cinco años y para este último año se duplicará cada 72 días, los datos disponibles en el mundo se multiplican por dos cada 80 días, la cantidad de información digitalizada fue 3 millones de veces mayor que la de todos los libros escritos en el mundo.
Más de 74 millones de blogs en el mundo y solo cinco por ciento del material en Internet está en español.[1]
De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, en 2006, se publicaron 7 mil 830 novedades editoriales tan sólo en el sector privado y hacen falta puntos de venta.
Las cifras son contundentes. Incluso me pregunto si alguien más lee este blog.
Bueno, pues para aquellos que llegaron hasta acá, dos recomendaciones para hoy. Siguiendo lo evidente de las cifras, son páginas inglesas, la primera Friendly literature Organization (FLO) está dedicada a la difusión y promoción de la lectura con ayuda de las nuevas tecnologías. La segunda 41 places es una pieza artística urbana de 41 historias reales, instaladas en los lugares en que sucedieron, historias de gente que vive y trabaja en Brighton. Podríamos decir: Sitio ex profeso para impresión.
Información: La Jornada y el blog del IFB
[1]
Cifras leídas por Camilo Ayala Ochoa, coordinador de Planeación Editorial de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, en su ponencia La lectura y sus sombras.
Hoy, sin hacer demasiado ruido, se celebra el día internacional del libro (y de los derechos de autor).
El Centro Cultural de España programó su quinto Maratón de lectura, en el que durante 10 horas, a partir de las 10 de la mañana, se leerá El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, quienes participen recibirán un libro y una rosa. Se realizarán también talleres infantiles y cuentacuentos, así como un enlace con el Círculo de Bellas Artes en Madrid, donde el Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, leerá las primeras frases de la obra cervantina. En Roma y Japón la lectura de El Quijote arrancó el sábado y concluirá el lunes.
También habrá otro enlace desde el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México con la participación de la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, y se develará la placa por las cien representaciones de la obra El de la triste figura, protagonizada por Ignacio López Tarso.
En el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se realizará un ciclo de mesas redondas con temas como El papel del libro en la cultura actual; La Biblioteca Nacional y el depósito legal; ¿Qué leen los estudiantes en las bibliotecas de la UNAM? y Visiones apocalípticas sobre el libro, entre otras.
El Fondo de Cultura Económica, la Fundación para las Letras Mexicanas y la UNAM lanzan este lunes la serie Viajes al siglo XIX, a las 9 horas en el Centro Cultural Bella Epoca en la colonia Condesa, también en la ciudad de México. (Información vía: La Jornada)
En las bibliotecas públicas (que estén abiertas), en el mejor de los casos un póster de la unesco colgado como escenografía colorida detrás del encargado (bibliotecario si uno tiene suerte), será la única referencia.
Tampoco creo que en la página del Kindle de amazon.com estén haciendo mucha fiesta, estarán ocupados pensando en lo que hará Apple ahora.
Mientras todo eso, espero que este blog, re-inaugurado, retome su lento pero ascendente paso por las clasificaciones y rankings subiendo del lugar 11 millones (de blogs!!) al lugar 1 millón que tenía ya. Es cosa de tiempo, lo sé. Y es probablemente, regresando al tema, en los blogs será donde más se escribe sobre el día del libro (y de los derechos de autor, que por ahora podemos dejar fuera), es una fiesta virtual. Será cosa de festejar leyendo un poco, en un lugar sin ruido.
Por lo pronto les dejo dos recomendaciones el blog de Txetxu Barandiarán, que es fundador y parte de la Red de Blogs y Libros.
Y la página de la Feria Internacional del libro de Praga, que empezará mañana.
Que tengan un buen día… del libro
Platicando con un amigo, me contó que algunas de las imágenes que contienen letras en los formularios de suscripción y comentarios en Internet, llamados Captchas, utilizadas normalmente para evitar el spam y los robots, ahora también sirven para que los usuarios, al momento de suscribirse a un sitio o postear un comentario, contribuyan digitalizando y corrigiendo libros al capturar de manera correcta las letras o palabras en la imagen. Esta es parte de una iniciativa de RECaptcha y que está dedicada a digitalizar, gracias a involuntarios ayudantes, los libros del Internet Archive una organización dedicada a la digitalización de libros para acceso abierto.

Por el otro lado está Bubok.com, una plataforma gratuita de autopublicación en español parecida a lulu.com, que permite hacer un libro electrónico o un libro impreso por cualquiera con aspiraciones de escritor. Aquí la idea es promocionar libros sin necesidad de costos extra, es decir IBD (Impresión Bajo Demanda), y en el que los escritores, que se vuelven diseñadores, editores y promotores de sus creaciones, reciban el 80% de las ventas de los libros. No hay restricciones, los libros pueden ser novelas, libros de cocina o libros técnicos sin mediación de ningún tipo, es decir cualquiera puede publicar lo que sea.
Lo importante del tema de bubok, por ejemplo, es esta intención “redescubierta” de escritor espontáneo que tiene la gente, y la manera en que un acervo inimaginable sigue su marcha hacia lo inconmensurable gracias a Internet y a la consciencia o inconscicencia de los usuarios.
Vía: elpaís.com
Los ocho mandamientos esenciales para emplear adecuadamente el correo electrónico
MARÍA OVELAR - Madrid - 06/04/2008
“Era el correo electrónico más importante del año. Debía mandárselo a mi jefe. Y voy y se lo mando plagado de errores ortográficos y gramaticales”. Will Schwalbe necesitaba un manual de instrucciones para escribir e-mails. Un decálogo con pautas, trucos y normas de comportamiento. Y no era el único. Su amigo David Shipley, de 44 años, también lo necesitaba.
Después de devorar una ración de ostras en Central Station de Nueva York y atragantarse con los sinsabores laborales de la mañana, estos dos sheriffs del lenguaje -Schwalbe es vicepresidente y editor jefe de Hyperion Books, y Shipley, editor de The New York Times- decidieron redactar la Biblia de la comunicación electrónica. “Dedicamos toda la comida a quejarnos de los correos que habíamos recibido o enviado”, recuerda Schwalbe, de 45 años. Que si qué burrada he mandado a la secretaria, que si qué impertinencia me ha soltado el de marketing. En 10 meses escribieron Enviar. Manual de estilo de correo electrónico. “Lo redactamos codo con codo, sin correos. Es imposible cocinar un libro por correo”, dice Schwalbe desde Nueva York. Alberto Gómez Font, Coordinador General de la Fundación Español Urgente, prologa la versión española, editada por Taurus.
La truculenta travesía de los e-mails les inspiró los ocho mandamientos digitales: no serás vago (”Recuerda hacer lo que comentamos”); no serás ofensivo (”Pero, ¡cómo se te ocurre!”); no escribirás una palabra que pueda meterte en la cárcel (”Diles que te ordené que vendieras las acciones cuando su valor alcanzase cien euros”); no actuarás como un cobarde (”Quedas despedido”); no reenviarás por reenviar (Re: Re: tal cosa); no pecarás de irónico (”Estuviste de lo más suelto en la reunión”); jamás caerás en lo informal (”¡Tío!, ¿sabes algo de mi contrato?”) y no mandarás propuestas inadecuadas (”¿Lo discutimos en mi hotel?”).
“La idea inicial era crear un manual de estilo. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que debíamos redactar un protocolo de comportamiento. La regla es no escribir el e-mail que no querrías recibir, sortear los peligros de la escritura electrónica y evitar catástrofes innecesarias. El correo puede ser un aliado o tu peor enemigo”, señala Schwalbe. Así ocurrió en 1992 en la agencia William Morris de Los Ángeles. La empresa despidió a seis empleados que habían reenviado por error mensajes en los que se burlaban de sus jefes.
La historia de esta herramienta diseñada en los sesenta con fines militares por el Pentágono es un cúmulo de desaciertos. En el primer mensaje, de 1969, se podía leer LO. Aunque, de no haberse colapsado el ordenador, su contenido hubiese sido LOGIN (conectar). “El teléfono mató a la carta, y el e-mail a la llamada inútil”, opina Schwalbe. Pero todavía hay espacio para el teléfono. Un capítulo del manual lleva el nombre de El mensaje emocional. La ira, el sarcasmo y las dobles lecturas son los cuatro pecados capitales. “Si percibes mala leche en un correo de tu novio, lo mejor es descolgar el teléfono y preguntar qué pasa”. “Piensa antes de darle a enviar. Parece fácil, ¿verdad? Pero a veces estamos tan ocupados que se nos olvida. Cuando se pulsa la tecla, sale el mensaje y, con él, los cabreos, ambiciones y cotilleos”. La prueba del algodón consiste en enviarse el correo a uno mismo. Un gesto que permite corregir erratas y hasta cambiar la perspectiva o el tono.
Y sobre todo, recuerde: para no sentirse como en el salvaje Oeste, es necesario aceptar algunas reglas: “Todo lo que se envía es susceptible de ser reenviado”.
‘Ciberprotocolo’
- Piense antes de pulsar la tecla enviar. Puede terminar en la cárcel por un correo comprometedor.
- Todo correo electrónico es susceptible de ser reenviado. No reenvíe nada sin pedir permiso al autor.
- Si el tono del mensaje es ofensivo, descuelgue el teléfono, no se enzarce.
- Envíese a sí mismo los e-mails importantes. Encontrará errores y podrá cambiar el tono.
- No utilice el término urgente en el asunto. Es el cuento de Pedro y el lobo. Ya se sabe, con tanto alarmismo pierde el efecto.
En el intrincado camino de la escritura, la autopublicación parece ser un método sencillo de salir del apuro. Suena mucho más fácil decirlo que hacerlo, lo sé, pero cuando el proceso de producción se vuelve parte “sustancial” de la obra habría que llevarlo más allá del terreno de la simple participación.
Sin ninguna novedad, LiveBook, siguiendo a Penguin, está publicitando y produciendo modos de escritura comunitaria, tanto en Facebook como en Bebo, dos redes sociales. La idea es básicamente la misma que la de A million penguins, la wiki novela de Penguin (que ahora tiene un nuevo hermano con el experimento We tell stories).
En el caso de LiveBook, se trata de producir novelas de forma comunitaria. Una especie de taller literario no presencial, en el que se propone un comienzo –en uno de los casos una joven que se acaba de unir a Facebook y su profesor se acerca por detrás, Helen and her Facebook, se llama. Los usuarios de la red social proponen oraciones de cómo debe seguir la historia y ¡votan! por las que más les gustan.
El camino parece ser tortuoso en todos los casos. Me parece, a menos que ustedes piensen lo contrario, que la escritura comunitaria debe ser menos programática en el caso específico de la ficción. Por ejemplo, las Wikis están diseñadas para trabajos de información, acercándose más a lo académico que a una obra de las vanguardias, ya sea del surrealismo o del dadaísmo, y que no termina de representar el cambio en la linealidad en ningún caso. La ficción parece ser más propensa a un trabajo de palimpsestos, es decir, obras más o menos terminadas que sean “rescritas” en partes por diferentes manos. Estas nuevas secciones estarían disponibles siguiendo distintos caminos en un sistema que no necesariamente privilegie el original, en un proceso tan largo como sea posible. Este sistema –muy probablemente tecnológico–, debe ayudar a transformar la idea de autoridad del autor tanto como la idea de linealidad.
Hace poco me preguntaron ¿qué es un libro? Entonces empecé a discurrir por un gran número de definiciones y, aunque eran muy variadas, casi todas ellas se ajustaban a lo que consideramos un libro. Lo más sencillo de decir fue: es un objeto hecho con hojas de papel que contiene información; sin embargo, esa descripción también comprende las revistas y los periódicos, entonces resultó que esta situación se repitió con casi cualquier definición o descripción que intenté hacer respecto al libro; siempre se relacionaba con algo más. Lo cual me llevó a reflexionar que los libros son algo tan común en nuestra vida que hemos dejado de pensar lo que son. El libro, por su parte, ha aprovechado dicha distracción y se ha vuelto resbaloso e inaprehensible ante nuestros intentos para delimitarlo, puesto que su uso es diverso: nos sirven para educar, para entretener, para sostener mesas, para adornar libreros, etcétera y, a su vez, también los encontramos en diferentes presentaciones y sabores.
Entonces puede pensarse que invariablemente el libro, como objeto físico que contiene información, es una idea virtual que sólo se concreta cuando nos encontramos ante un ejemplar específico. ¡Vaya bestiario que harían Borges o Cortázar con tan variadas especies! Ahora, si retomamos esta analogía taxonómica, entonces podríamos entender el proceso de transformación del libro como medio de comunicación a partir de la teoría de la evolución. Si el libro ya implica una virtualidad como objeto, porqué es tan difícil, por gran parte de la gente relacionada con el mundo de la edición, aceptar su inserción natural al mundo electrónico. Pero cabe mencionarles que, por más que lo vigilen y constriñan, ese ser multiforme con tendencias guerrillero-culturales adquirirá diversas formas para seguir dispersándose. Ya que el proceso comenzó hace seis mil años y seguirá reproduciéndose por las múltiples vías que continúe proporcionando la tecnología.
Arthur C. Clarke, el científico y escritor de Ciencia Ficción, autor de 2001: Odisea del espacio, y promotor del avance espacial y del desarrollo de la red satelital y por lo tanto de la red global de la información, murió hoy de un problema respiratorio. Las historias de Clarke, junto con las de Asimov y las de Bradbury, moldearon y encausaron la supertecnológica transición entre el siglo XX y el siglo XXI. Parte de esta visión crítica de los futuros posibles, esta manera de hacer del futuro una reflexión profunda de la realidad presente, es la herencia que debe ser recuperada.
En este momento en que una forma de lectura e intercambio de la información empieza a promoverse como una manera de participación política es necesario dejar de lado la tentación utópica y entender que los futuros posibles deben ser vistos de un modo crítico. Sin caer tampoco en la tentación de criticar la pérdida de humanidad que produce la tecnología, que ya no es más que un lugar común, una frase hecha para asustar a los niños.
Recordamos a Arthur C. Clarke en este blog sabiendo que es en parte gracias a él que existe y que se lee y distribuye por la red mundial de la información. Un futuro que se hizo posible porque alguien tuvo una idea imposible.
