El libro virtual
Hace poco me preguntaron ¿qué es un libro? Entonces empecé a discurrir por un gran número de definiciones y, aunque eran muy variadas, casi todas ellas se ajustaban a lo que consideramos un libro. Lo más sencillo de decir fue: es un objeto hecho con hojas de papel que contiene información; sin embargo, esa descripción también comprende las revistas y los periódicos, entonces resultó que esta situación se repitió con casi cualquier definición o descripción que intenté hacer respecto al libro; siempre se relacionaba con algo más. Lo cual me llevó a reflexionar que los libros son algo tan común en nuestra vida que hemos dejado de pensar lo que son. El libro, por su parte, ha aprovechado dicha distracción y se ha vuelto resbaloso e inaprehensible ante nuestros intentos para delimitarlo, puesto que su uso es diverso: nos sirven para educar, para entretener, para sostener mesas, para adornar libreros, etcétera y, a su vez, también los encontramos en diferentes presentaciones y sabores.
Entonces puede pensarse que invariablemente el libro, como objeto físico que contiene información, es una idea virtual que sólo se concreta cuando nos encontramos ante un ejemplar específico. ¡Vaya bestiario que harían Borges o Cortázar con tan variadas especies! Ahora, si retomamos esta analogía taxonómica, entonces podríamos entender el proceso de transformación del libro como medio de comunicación a partir de la teoría de la evolución. Si el libro ya implica una virtualidad como objeto, porqué es tan difícil, por gran parte de la gente relacionada con el mundo de la edición, aceptar su inserción natural al mundo electrónico. Pero cabe mencionarles que, por más que lo vigilen y constriñan, ese ser multiforme con tendencias guerrillero-culturales adquirirá diversas formas para seguir dispersándose. Ya que el proceso comenzó hace seis mil años y seguirá reproduciéndose por las múltiples vías que continúe proporcionando la tecnología.