La credibilidad de la información en internet

EnviadoFriday, October 10th, 2008 el 4:12 am

Frente a la incapacidad de ciertos dueños de la información para detener el libre acceso y buscar nuevos modelos de negocio para subsistir; a saber, los grandes grupos editoriales y algunos periódicos en línea, las medidas que han tomado son principalmente tres:

  1. El constante aumento en la duración del Copyright y por lo tanto la criminalización del libre intercambio de información. Esto último llamando al “progreso” y a la protección de los autores como su justificación.
  2. La constante satanización de las formas de lectura “inducidas” por el hipertexto. Es decir, la idea de que la lectura hipertextual genera usuarios o lectores superficiales y, por consiguiente, incapaces de pensamiento profundo. Un tema muy debatido en estos últimos tiempos.
  3. La desacreditación de la información. Fundamentando en la falta de dictaminación de la información que puede ser consultada en línea. Una gran parte de la información en línea no ha pasado por un proceso de revisión por lo tanto no es, en principio, confiable. Especialmente cuando lo publicado, aunque sea en línea, tiene ese halo de sabiduría intrínseco logrado por las formas tradicionales de edición.

Este último es un problema mucho más delicado y relativamente más complejo que los anteriores porque su intención es poner en duda una posibilidad nueva, alternativa y en principio más simple, accesible y seductora de acceso y producción de la información. Algo que el sistema editorial en general siempre ha buscado y no ha sido capaz de lograr. ¿Debe la información distribuida en la red someterse a un proceso de dictaminación, entendido esto como la revisión de los textos por parte de especialistas en un tema, para ser reconocida y aceptada antes de ser publicada?
Entre las múltiples nuevas destrezas o habilidades que se pretenden enseñar a los niños para capacitarlos en el mundo digital, hay dos que me parecen especialmente importantes: la capacidad para hacer búsquedas profundas en la maleza de internet, es decir entender y eventualmente dominar la “arqueología de la información”, así como también desarrollar la necesidad o el hábito de contrastar y cotejar la información en la red. Estas dos habilidades deben incidir en una tercera habilidad, probablemente menos importante, pero igualmente básica en el uso de las nuevas tecnologías de la información: la capacidad de redistribuir, tematizar y, en el mejor de los casos, analizar, producir y publicar información a partir de las dos habilidades anteriores sin necesidad de ser un experto editor, periodista, escritor, etcétera.
Es muy bueno que estas nuevas destrezas tengan cabida en los programas académicos de escolaridad básica, pero sin duda es algo que ya sucede de manera frecuente en la red. Los millones de blogs son una prueba, alcanzando un número inconmensurable de publicaciones con una cantidad bastante envidiable de lectores. Boing boing, por ejemplo, recibe diariamente más visitas que la página del New York Times, y sin duda tiene más lectores diarios que casi cualquier periódico impreso. Algo absolutamente inimaginable en la forma de publicación y edición impresa.
La alternativa de acceso y producción de la información que promueve internet, y esto no es nuevo para nadie, debe ser una señal para entender que los modelos de negocio de distribución, en este caso de textos, debe cambiar tanto en la forma de “garantizar” que la información sea confiable, mejorando el ejemplo de la Wikipedia, así como a la hora de generar formas distintas de lectura, escritura y análisis de información.

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